- ¿Por qué siempre les sonríes a los perros? Ellos no lo entienden...
Se encogió levemente de hombros y puso esa mueca arcoíris que tanto le gustaba. Arcoíris porque era un poco rojo duda, un poco amarillo inocencia y un poco añil sabiduría.
- No sé... Creo que los animales tienen un alma especial.
- ¿Tú crees en el alma?
- ¿Tú no?
Ahora el que se encogió de hombros fue él, pero había mucha más ignorancia y torpeza en su gesto que en el de ella.
- Entonces tampoco crees en el amor. Una lástima...- musitaron sus labios vistiendo el silencio.
- Sí, claro que creo en el amor. Ya he estado enamorado antes.
- ¿Cómo lo explicas si no es con el alma? Creo que no nos enamoramos de las personas, sino de las almas. O mejor aún, las almas se enamoran entre ellas. A veces las personas podemos seguirlas, pero otras no. ellas van por libres. Por eso hay amores que no entendemos, que detestamos incluso, que nos encadenan, que nos hacen infelices. Nosotros no queremos estar ahí pero, sin querer, lo estamos.
- Pero...
- ¿Sabes? Dicen que el amor es ciego, pero en realidad sólo finge serlo. Hace como que no se entera de la imperfección, del dolor, de todo lo que pesa y ensombrece.
- Sí...
- El alma, las almas... Son ciegas, sordas, mudas. Hablan sin hablar y sólo saben dar.
- Algo así como los perros... -sonrió él.
- Algo así.
"El mundo giró para juntarnos el uno al otro, giró sobre sí mismo y dentro de nosotros, hasta que por fin nos juntó en este hermoso sueño".
Que estaba yo pensando que, en este boom absurdo de la telerrealidad que vivimos, ¿por qué no crear un nuevo programa de televisión para hacer que las relaciones amorosas funcionen? Ya hemos tenido vagos encerrados en una casa de lujo, famosos casposos luchando contra mosquitos asesinos y la desnutrición en islas recónditas o frikis de pueblo que buscan pareja avalados por sus queridas mamás. Tenemos chonis y canis poligoneros que hablan de amor (cuando deberían llamarlo sexo) subidos en un trono (de la vergüenza), aspirantes a cantantes, modelos, cocineros, acróbatas de circo o lo que sea, que venden su dignidad delante de jueces redichos y más-tontos-que-mi-culo a cambio de poder alcanzar la fama.
Y luego está "Hermano Mayor", ése programa donde un chico malo reformado hace las veces de mentor y psicólogo para domar (literalmente) a auténticos salvajes adolescentes que te hacen querer y agradecer a tus padres hasta el infinito y aumentan tu ego de hija hasta el nivel perfección. Pues bien, el mencionado programa nos ha dado una idea. Y digo nos, porque este post no tendría sentido sin La Chica de Los Jueves. Ése universo mágico de ironía, desesperación y risas que se crea cuando estamos juntas, dio luz a esta idea hace unos días. Y, cómo no, era Jueves.
Al grano. "Tu Novia Mayor". Programa en horario "prime time". Labor social imprescindible para guiar a los hombres de España con el objetivo de que consigan entender a sus novias, no-novias, mujeres, amigas-con-derecho-a-roce (espera que me parto un rato), o lo que sea.
La cosa empezaría con el chico protagonista (en adelante Macho Alfa) tirado en el sofá viendo un partido de fútbol de tercera regional, de esos que se ven por inercia, más que por vocación. Al otro extremo del salón, un móvil de última generación más grande que un castillo vibra varias veces y la lucecita LED no deja de parpadear. Macho Alfa lo oye, lo mira y sigue a su rollo como si nada. Y entonces irrumpe en escena la Novia Mayor. La Novia Mayor es una tía de 30 y pico años que ha decidido utilizar toda su rabia y despecho almacenados a lo largo de dos décadas de príncipes rana y chascos monumentales, para hacer algo bueno y útil para la sociedad. Es una tía guay, y aunque no es lo que se diría un "pibón", tiene ese magnetismo que dan la madurez y la seguridad en una misma. Más o menos como Pedro García Aguado, que aunque calvo y madurito, tiene un rollazo interesante.
- ¿Pero qué haces?-empieza a gritarle a Macho Alfa. ¿Es que no vas a contestar? Seguro que es ella, que está preocupada, y tú ahí, viendo la tele como si nada.
- Eh, tía... no me rayes. Ya contestaré luego. Además, así es mejor, que me eche de menos, así luego me cogerá con más ganas... Hay que ir dándoles miguitas de pan, pero si les das demasiado la has cagado, te cogen por los hue...
- ¿En serio? - interrumpe la Novia Mayor, escandalizada. Lo ha visto todo en materia de hombres dejados y pasotas, pero esto es el colmo. ¿Es eso todo lo que has aprendido de las mujeres? ¿Es que no sabes nada sobre nosotras? Vamos, hombre, que ya tienes veinticinco años, machote...
- Pff... - es el único sonido que sale de la boca de Macho Alfa como respuesta.
Llegado este momento, comenzaría la terapia. "Macho Alfa está cagándola cada vez más en su relación y está a punto de volver a la soltería por la puerta de atrás. Es necesario que se dé cuenta de sus errores y asuma la responsabilidad de su noviazgo", narraría la voz en off de la Novia Mayor.
Terapeuta y paciente se desplazarían entonces a algún sitio emblemático de la ciudad donde se esté grabando el programa. Si fuera Valencia, sería sin duda la Ciudad de las Artes y las Ciencias, símbolo del postureo donde los haya, que aunque se esté cayendo a trozos (ole tu estampa, Calatrava), vende mucho.
- Vamos a hacer un ejercicio, ¿de acuerdo?, comenta la Novia Mayor junto a una chica anónima con cara de pocos amigos. Vas a intentar averiguar qué le pasa a esta joven. Actúa como si fuera tu novia, ¿vale?
- Pos vale- dice Macho Alfa aproximándose tímidamente. ¿Qué te pasa?-musita mirando al suelo. No conoce de nada a la muchacha, pero definitivamente, hay algo en su expresión furibunda que le recuerda a su novia cuando se cabrea.
- NADA. No me pasa NADA- contesta la chica con los ojos inyectados en sangre.
- Bueno, pues nada... Y Macho Alfa se encoge de hombros mirando hacia la Novia Mayor.
- ¿Eso es lo que te importo? ¿Es que no me conoces en absoluto? Parece mentira que me preguntes qué me pasa y te quedes tan pancho... Tú sabrás lo que... bla, bla, bla,bla....
Una bronca monumental le llueve a Macho Alfa, que una vez más, no entiende nada.
- Se pone igual que mi novia... Si preguntas mal, y si no lo haces, peor. No hay quien las entienda...
La Novia Mayor dibuja una sonrisa que parece decir "Ay-madre-mía-como-está-este-de-verde...", lo coge por los hombros y ambos se alejan juntos para seguir con la terapia.
Días después, la tenaz Novia Mayor, en su impagable tarea de ayudar a Macho Alfa a recuperar su relación y su vida, lo abordaría en una de sus quedadas con amigos.
- Hola. Vaya, veo que has decidido volver a salir con tus amigos por tercer día consecutivo. ¿Cuándo vas a tener tiempo para ella? ¿Cuándo vas a dignarte a llamarla? ¿Es qué crees que puede hacerlo todo ella sola? Se necesitan dos personas para tirar del carro, querido... Vamos, llámala ahora mismo.
- Que no, que estoy aquí muy entretenido con mis colegas, luego si eso...
- Que la llames. O mándale un Whatsapp al menos. Venga, va, llámala.
- Que no, joder, que nooo. Déjame en paz, payasa.
La cosa empezaría a ponerse tensa. La Novia Mayor sería cada vez más dura y exigente, y el pobre Macho Alfa acabaría por salir corriendo despavorido, en un intento vano por escapar de la terapia y de sí mismo. Pero la Novia Mayor, más chula que un ocho, lo alcanzaría conduciendo su New Beetle y lo detendría en seco cogiéndole por los hombros.
- No puedes seguir huyendo, Macho Alfa. Tienes que pensar en ella. Ella sólo quiere ayudarte... Tienes que llamarla y quedar con ella ahora.
- Pero, pero es que... pero es que aún no he terminado de comentar todos los partidos de la Premiere League con mis colegaaaas....- y los gritos de Macho Alfa se romperían en un llanto desconsolado sobre el hombro de la Novia Mayor. Yo sólo... yo sólo quiero hacerla feliz pero no sé cóoomooo.... Snif.
- Venga tío, ya pasó.
Y dos o tres milagrosos ejercicios más bastarían para hacerle entender a Macho Alfa cuáles son las necesidades de su pareja, lo que se debe y lo que NO se debe hacer. Así de simple.
"Macho Alfa ha conseguido comprender la realidad de la situación y está dispuesto a corregir su actitud y empezar a considerar más los sentimientos de su novia. Pero para asegurarme de que no vuelve a las andadas, tengo que conseguir que repudie su anterior comportamiento", apuntaría la Novia Mayor.
Sentados en una terracita muy cuqui y con el móvil delante, la Novia Mayor proseguiría:
- Quiero que veas los últimos Whatsapps que le has mandado a tu chica...
Macho Alfa observaría con curiosidad primero, resignación después y tristeza por último, una larga lista de emoticonos insulsos como el de un pulgar hacia arriba, una carita sacando la lengua, unas "ZzZz" para las buenas noches y, OH-DIOS-MÍO, la mierda sonriente. ¿En qué momento le había puesto a su querida novia un emoticono de una mierda? ¿En qué se había convertido?
La Novia Mayor, percatándose de las lágrimas asomando a los ojos del chico, hurgaría en la herida como debe hacer cualquier presentador. Porque no hay nada que venda más en la tele que un par de lagrimones de los de verdad, de esos que llegan hasta el final de la mejilla.
- ¿Entiendes ahora, Macho Alfa? ¿Cómo te sientes al ver tu comportamiento?
- Mal. Avergonzado- acertaría a articular el pobre Macho Alfa, en adelante, Hombre-como-Dios-manda, que se reuniría entonces con su emocionada y agradecida novia.
- Nos has cambiado la vida, gracias Novia Mayor-diría ella.
Y con un fondo musical e imágenes alegres de la feliz y renovada pareja corriendo por los jardines de Viveros, terminaría el programa. Un nuevo éxito de la Novia Mayor telerradiado a las novias insatisfechas de toda España que no dudarían en coger el teléfono para pedir aparecer en el programa. Un pelotazo que incluso podría tener su versión "Novio Mayor" para enseñar a las chicas a respetar el espacio de sus chicos, a ser menos exigentes y más relajadas. Porque no sólo ellos son los responsables de torpedear relaciones con un "necesito tiempo" o un "es que no estoy preparado". También las mujeres lo complicamos todo demasiado con ese ovillo de lana que son nuestros pensamientos. Vamos, que se confirma mi hipótesis inicial. El mundo necesita un programa así. Triunfadores/as del mundo, personas con relaciones que FUNCIONAN, gente feliz sentimentalmente en general... Iluminadnos con vuestra sabiduría. Sed nuestr@s Novi@s Mayores.
No me queda mucho más ya que decir, si acaso despedirme de ti con alivio y, por qué no decirlo, cierta tristeza. Has sido duro, amigo, tanto que me has nublado la sonrisa en muchos momentos, aunque me has recompensado con felicidad pura en otros. He tenido que apretar los dientes, que confiar en que todo saldría bien y, sobretodo, he tenido que fiarme mucho de mí misma. Porque durante muchos meses tú, querido mío, pusiste mi raciocinio contra las cuerdas y lo reduciste a cenizas. Entonces nos quedamos solos mi corazón y yo y, créeme, no fue fácil hacerle caso a ese cretino... Pero bueno, creo que iba a despedirme, y ahí va... Por suerte es un hasta nunca. Por suerte nunca te olvidaré.
Todo acabó como estaba previsto que acabara. Y, sin embargo, me pregunté una y mil veces por qué. Y quise pasarte de largo, olvidarte y enterrarte. Un mal año...
Todo continuó así. Él y yo. Nos tocábamos con los ojos y nos besábamos con las manos. Y fue bueno y malo al mismo tiempo. Fue plácido y perturbador. Y tú, amigo mío, nos dejaste ser. Y existimos algo más de tiempo de lo que debíamos existir.
Todo empezó con un castillo con puente de madera, vigas de papel y cimientos de hormigón. Daba igual cuántas veces se cayera, la estructura parecía inalterable.
Desubicada. Sobrante. Extraña. Diferente. Aparte. Sola. Así se siente la eñe del Scrabble y así nos sentimos todos alguna vez y algunos, todas las veces.
La eñe no pega con casi nada. Para los amantes de ese juego tan sencillo y tan genial, levantar una ficha y encontrarse con la letra patria produce una sensación ambivalente. Porque la eñe es muy difícil de colocar pero, y ahí está la gracia -y la metáfora- vale mucho. Nada más y nada menos que 8 puntazos. Por eso, que te toque una eñe jugando al Scrabble puede ser maravilloso. Y si pillas una casilla de doble letra o triple palabra, ya es lo más de lo más. Jaque mate.
Es como la vida. Uno puede sentirse tan ajeno a todo, tan de más y de menos al mismo tiempo o tan poco combinable como unos pantalones amarillo Piolín. Pero, en realidad, todo depende de la perspectiva, del lugar en el que nos situemos. Del momento, de las circunstancias... Vamos, del tablero.
Porque la eñe, acompañada por un par de amigas vocales, su gemela sin sombrero y la también incomprendida zeta, se convierte en la dulce NIÑEZ. Con la panzuda B, en un relajante y espumoso BAÑO. También puede ser un señor de Aragón, un metal de la tabla periódica, un campo llenito de uvas, eso que crece de un pino o, simplemente, un animalito africano llamado ÑU.
Ñ+U. Media naranja, medio limón. Media langosta a lo Phoebe Buffay. Destino. ¿O casualidad? Confluencia de espacio/tiempo. Un roto para un descosido. Dios los cría y ellos se juntan. Hay muchas maneras de llamarlo, una sola de vivirlo. Creerse esos 8 puntos, buscar las casillas de colores, saltar del tablero si hace falta y esperar la jugada que lo cambie todo. Paciencia, eñes del mundo. Al final, siempre, siempre, siempre, esa partida trabada termina, y otra nueva empieza. Ésa en la que un ÑU puede cambiar completamente el curso de tu realidad.
Hoy ha sido otro día más entre vestidos de encaje, faldas almidonadas, ribetes de raso, prints floreados y escotes corazón. Y no, no es que mi armario sea como el de Olivia Palermo, por ejemplo, ni que yo tenga ni un 1% de "it-girl", ese extraño concepto que tanto utilizo últimamente pero que no deja de sonarme a "chica cosa".
Ser redactora de moda no es fácil, sobretodo si tu puesto de trabajo no es una moderna oficina en el centro con fotos de Audrey colgadas de la pared y números de Vogue, Elle o Vanity Fair desperdigados por las mesas. Ser redactora de moda en tu propia casa es cómodo, sí, pero ver los modelazos que se calzan las celebrities del mundo mientras tecleas a toda prisa intentando crear algo de la (casi) nada, con tus uñas mordisqueadas por el estrés, tu incalificable ropa "de andar por casa" (que es mucho peor que un pijama), tus calcetines de Mickey y tu moño torcido en lo alto de tu cabeza-hervidero.... Creédme, no mola tanto.
Hoy mismo me he mirado al espejo y he pensado si esa pelota de pelo estrujado en lo alto de mi sesera valdría como "peinado messy". ¿No cuela, no? Bueno, ni falta que me hace. "A ver cuántas modelos o actrices tienen esta piel sin maquillar", he continuado intentando animarme mientras el violáceo tono de mis ojeras se intensificaba por segundos. Y es que, a decir verdad, hace siglos que no me maquillo (¿el corrector de ojeras, el colorete y la crema de cacao no cuentan, no?), y lo de peinarme tampoco lo llevo muy bien. Es lo que tiene trabajar en casa. Me motivaría bastante más tener en la silla de al lado a un compañero buenorro que a mi gato (no te ofendas, Romi).
Y, claro, como decía, hablar de trapitos y de gente cuya mayor obligación es calzarse unos tacones y un vestido de Dior para dejarse hacer cuatro fotos en una alfombra roja cualquiera, no ayuda. Qué gente más desocupada, qué superficial todo, qué... Qué envidia me dan a veces. Sobretodo cuando la vida se me complica un poco más que de costumbre y pienso en lo feliz que sería yendo de fiesta en fiesta atusándome el pelo y empolvándome la nariz (con maquillaje, ¿eh?).
"¿Sería feliz?", me pregunto soltándome el pelo y comprobando que, oye, pues tampoco estoy tan mal. No sé, los famosos parecen tener vidas sencillas pero, claro, de ellos sólo vemos el escaparate. Yo también podría salir mañana a la palestra con un little black dress de CK, unos taconazos de Louboutin y un clutch de Brian Atwood y comerme todos los flashes del mundo durante cinco minutos. Nadie se daría cuenta de si tengo el corazón roto, de si he dormido poco esa noche o de si me duele la muela del juicio. Pero bien mirado, en profundidad, ser famoso no mola nada. No sólo por lo de los paparazzis (que aún no tienes novio y ya están anunciando tu boda), sino por ese halo de perfección y glamour que lo reviste todo y que es más falso que un billete de cuatro euros.
Porque si fuera famosa no me emocionaría cual adolescente en concierto de One Direction cuando me invitan a una boda o un bautizo y, por mucho que lo disfrace de "coñazo" y de "a ver qué me pongo yo ahora", me paso semanas pensando y organizando mi vestuario (uy, perdón, que ahora se dice "outfit"). Si fuera una celebritie de esas de los tabloides, tendría un novio cada tres meses y cada ruptura sería como un pequeño tropezón en una red carpet, como cuando se te parte un tacón de aguja o se te rompe una uña, you know...
Pero seria menos persona, menos humana, menos importante, aunque saliera en los medios todos los días.
Que sí, que prefiero tener ojeras por llorar, y pelotillas en los calcetines de tanto repiquetear los pies contra el suelo mientras intento describir en cuatro adjetivos no ofensivos un look estrepitósamente espantoso. Que prefiero no tener tiempo para maquillarme pero sí para achuchar a Romi cada tres cuartos de hora. Y, sobretodo, prefiero tener el corazón roto que vacío de amor, que para vacío ya está mi armario. Porque al fin y al cabo, el dolor de corazón es como un dolor de muelas para el que no hay analgésico, y cada nuevo día es una alfombra roja por la que hay que desfilar poniendo la mejor sonrisa del mundo. Y si algún reportero avispado detecta las arrugas de la preocupación en torno a mis ojos o percibe que mi mueca es algo forzada... pues que venda la exclusiva al "¡Hola!". Yo aquí me quedo, reconciliándome con mis ojeras, mis jerseys calentitos y mis coleteros de colores.
Quería escribir algo que cerrara un capítulo, que dictara sentencia, que bajara el telón o abriera ventanas. Algo liberador, para dejar constancia. Escribir es la única manera de ser que conozco, mi idioma. Y sin embargo, hoy no me salen las palabras. Pero no es frustrante, como otras veces. Hoy mis musas están de vacaciones, y bien merecidas, por cierto. Han tenido mucho trabajo últimamente. No es fácil ordenar palabras, expresar sentimientos ni crear sentido cuando todo está revuelto.
Hoy mis musas han descubierto que, por primera vez en mucho tiempo, hay algo de orden en este caos, algo de paz en esta posguerra. Y se han marchado a descansar. Cualquier día de estos volverán como si nada, a contar nuevas historias: historias de sueños, de vida, de personas, de calles, de niños, de canciones, de libros. De mí y de nadie. De cualquier cosa que no duela. Volverán sonriendo y brindarán por un nuevo mundo sin lucha, sin conformismo, sin sacrificio, sin división, sin indecisión. Por un nuevo comienzo.
Un ángel de rizos tostados sostenía su miedo en la punta de un rotulador. Trazando líneas, dividiendo espacios, repartiendo pared. Una música muy de ascensor sonaba en la estancia semi vacía, apenas salpicada por unos cuantos muebles vintage cargados de la magia de los proyectos nuevos. Como el que iba a nacer muy pronto entre esas cuatro paredes.
No tenía nada que ver con ninguna de las dos, pero allí estaban, por vicisitudes del destino, dos personas huyendo del miedo entre inspiración, cinta de carrocero y jazz. Allí estaban, contándose nada en general y todo en concreto. Endulzando el frío con chocolate del blanco y del negro, y templando la amargura con una ráfaga de fotos que empezaron en pose y terminaron en estrepitosa naturalidad.
Una artista y una escritora. Un lápiz de carpintero en la oreja. Una cámara colgada del cuello. Labios rojos, moño alto y mucho arte.